14 de diciembre de 2010

UN INTRUSO EN EL JARDIN

(Mientras nos preparamos para Navidad, les dejo para leer un cuento de Navidad, para chicos y grandes, publicado por Editorial Fergutson el año pasado...)


María se despertó una mañana, abrió las persianas y encontró una sorpresa en el jardín del condominio. Desde el primer piso de su casa se veía perfectamente. Justo en el medio y con un aspecto algo penoso, un muñeco de nieve con una bufanda roja le daba los buenos días. Pero había algo de extraño en aquel muñeco, María lo observó por algunos minutos y antes de dirigirse al baño a lavarse la cara y los dientes, se colocó los anteojos para ver mejor. Por empezar, las fiestas habían pasado, era ya el 10 de enero, y por lo general los muñecos de nieve se hacen antes de las fiestas. Segunda cosa, ¿quién lo había hecho? No vivían niños en ese edificio, allí eran todos ancianos. Así fue que, no teniendo nada mejor en que ocupar su tiempo, María bajó después del desayuno a observar desde cerca al nuevo intruso.

_ Muy mal hecho.

_ La verdad que sí. _le respondió Nazareno, el vecino de al lado que al ver a María sola en el jardín observando esas dos pelotas de nieve una sobre la otra, bajó a investigar qué sucedía.

_ ¿No lo habrás hecho tú? _ preguntó María.

_ Absolutamente no! _ respondió Nazareno enojado _ Cómo se te ocurre que me ponga a hacer muñecos de nieve en el medio de un hermoso jardín como este. Y además, con la poca nieve que queda está tan sucio de tierra, y con esa vieja bufanda de lana, no hace más que dar pena y afear nuestro jardín.

_ Shhhh _ dijo María _ No, grites, que puede ser que hayan sido los nietos de la del segundo piso, y si te escucha decir que es feo se enojará.

_ No me importa! _ gritó aún más fuerte Nazareno _ Es horrible y basta! No entiendo a quién se le puede haber ocurrido hacer semejante cosa sin ni siquiera pedir permiso a nosotros, los dueños de este lugar!

Los gritos de Nazareno atrajeron hacia los balcones a los otros cuatro vecinos. El condominio estaba compuesto por seis departamentos, y el jardín, que pertenecía a todos por igual.

Después de unos instantes se había armado un gran alboroto alrededor del muñeco. Ya todos los vecinos, menos la del segundo piso a la izquierda, discutían sobre el muñeco, queriéndolo derribar si no aparecía de inmediato quién lo había construido.

_ Voy a buscar la pala _ dijo Nazareno _ solucionaremos en seguida el problema, y a quién va construyendo horribles muñecos por las noches se le irán las ganas de arruinar un jardín como este.

_ No, espera _ dijo Cándida, la señora viuda del tercer piso a la izquierda _ No lo tocaremos hasta no saber quién lo ha hecho. Propongo una reunión en mi casa para hablar del tema esta noche, y resolver la cuestión pacíficamente. Invitaré a todos los que vengan a hablar como personas adultas con chocolate caliente.

Y nadie faltó. Porque el chocolate caliente de Cándida era irresistible, y capaz de ablandar, al menos por unos instantes, los corazones más duros del vecindario. Cándida con los años había aprendido cómo tratar a gente cabeza dura como esos vecinos, y nunca se ponía a discutir por pequeñas cosas, trataba de llevar a todos a resolver las cosas en paz.



Durante la tarde en cada casa se discutió del tema, y a la noche, en casa de Cándida cada uno dijo su opinión. Nazareno y su esposa sostenían que había que derribar el muñeco sin importar quién lo había hecho y porqué. Mario, del segundo piso a la derecha estaba de acuerdo con ellos. María, que lo había descubierto, quería que antes de derribarlo se descubriera la verdad, quién lo había hecho y porqué no había pedido permiso a todos los vecinos para hacerlo. Los vecinos más ancianos del edificio, coincidían con María. Cándida guardó su opinión para el final, pero antes habló la del segundo piso a la izquierda.

_ Yo pienso que no tendríamos que tocarlo.

_ Ehhhh!!!! _ Un suspiro general se oyó en la sala, y comenzó el alboroto nuevamente.

_ Dejemos hablar a Josefina _ Pidió por favor Cándida.

_ No tiene derecho! _ Dijo Nazareno _ Hace solo dos meses que vive aquí, como se atreve a decir que deberíamos dejar ese horrendo monstruo en nuestro jardín!

_ No es un monstruo _ dijo Josefina _ Alguien hizo un muñeco de nieve en nuestro jardín y yo creo que es algo hermoso.

_ ¿Hermoso?? _ Respondieron a coro algunos vecinos.

_ Si, hace años que no veía uno en ninguna parte de esta ciudad.

_ Después de todo, ¿que mal nos puede hacer tener un muñeco de nieve en el jardín? _ preguntó Cándida _ Con el llegar de la primavera se derretirá y nadie tendrá que derribarlo.

_ Ese horrible monstruo... _ murmuró Nazareno.

_ Está bien, que se quede hasta que el sol lo derrita, podrían haberlo construido los nietos de cualquiera de nosotros _ agregó María.

_ Votemos _ dijo Cándida.

Todos se quedaron pensando en las palabras de María. ¿Qué pasaba si el muñeco había sido construido por los nietos de alguien del edificio? ¿Qué clase de salvajes eran los abuelos que destruirían la sorpresa de los nietos? El muñeco había aparecido un lunes a la mañana, así que podría haber sido construido por algún nieto antes de volver a su casa.

Así fue como se quedó en el jardín, y todos, pensando que podrían haber sido los propios nietos los autores de la sorpresa, dejaron de llamarlo monstruo y le dieron un nombre elegido por los niños. Lo llamaron Pino.

Pino se quedó en el jardín hasta la primavera. Los niños jugaron con él, y le pusieron nieve en los agujeros que cada tanto se le hacían, le acomodaron la bufanda cuando el viento se la hacía volar, y le cambiaron varias veces la zanahoria que tenía por nariz. Pero no se sabía quién lo había construído.

Con el llegar de los primeros rayos de sol, la nieve se comenzó a derretir lentamente y algo inesperado sucedió. Se comenzaron a ver dentro de Pino pequeñas ramitas de árbol. Nazareno lo observó de cerca, y con el pasar de los días, los vecinos descubrieron que Pino escondía otro secreto: en realidad el muñeco había servido para despistarlos, lo que escondía era un pequeño árbol de pino!

_ Este sí que es un monstruo _ dijo María _ Seco, flaco y feo.

_ Tendríamos que haberlo sacado desde el principio _ dijo Nazareno.

Y así fue que recomenzó el escándalo entre vecinos. Y así fue como Cándida tuvo que invitar a todos a tomar limonada a su casa para tratar la cuestión pacíficamente. Pero esta vez no se llegó a ningún acuerdo. Por más que las mujeres más dulces del edificio trataran de convencerlo, esta vez Nazareno estaba decidido a buscar su hacha y cortar el árbol. Simplemente porque su aspecto era feo, después de pasar un invierno escondido debajo de la nieve.

_ Si no aparece la persona que lo plantó engañándonos a todos, este mismo domingo lo convertiré en leña _ sentenció Nazareno.

Todos se quedaron sin palabras, menos Josefina, la vecina del segundo piso a la izquierda, que se empeñaba en convencer a todos que quitarlo era un error. Decía que había que darle al menos una primavera de oportunidad, porque como cualquier cosa, si uno corta el tronco de entrada no deja crecer lo bueno.

_ Lo cortaré este mismo domingo, si no confiesa que ha sido ella la que nos ha engañado a todos!_ dijo Nazareno acusando a Josefina.

Así fue que ese domingo por la mañana, delante de los ojos de todos los vecinos que observaban desde los balcones, Nazareno se dirigió hacia Pino con el hacha en mano. Y dio el primer golpe. Todos cerraron los ojos, porque al final, no había nada de malo en probar si un árbol lograba crecer. Cuando estaba por dar el segundo golpe, se oyó una voz.

_ Fui yo! _ dijo la voz.

_ ¿Quién habló? _ preguntó Nazareno mirando hacia los balcones.

Fui yo, abuelo! No lo cortes! _ le dijo su nieto des seis años corriendo hacia è y abrazandole las piernas.

Nazareno dejò caer el hacha y se llevò a su nieto en abrazado fuerte y sin decir nada. El niño luego contó que había sacado de la basura el árbol de navidad que los abuelos habían comprado en el supermercado, casi seco y sin vida. Contó que lo había plantado en el jardín con la ayuda de otros nietos del vecindario para que Pino no muriera, y que la idea de disfrazarlo para que lo dejaran vivir allí, había sido suya.

Después de ese día no se discutió más sobre el tema, y Pino comenzó a sacar sus primeras ramitas verdes, al final del verano era un hermoso árbol en el medio del jardín. Para la navidad siguiente había recuperado su tamaño normal, y cada navidad crecía de altura al igual que los niños del edificio, hasta que los sobrepasó y se volvió altísimo y majestuoso. Cada navidad no alcanzaban las lucecitas del año anterior para adornarlo por todo lo que crecía, y en verano su sombra daba respiro a los ancianos en las acaloradas tardes.

No pasó un día sin que Nazareno se preocupara de si le faltaba agua o si había que podarlo. Y así fue como el monstruo del jardín se convirtió en el árbol más hermoso de todo el barrio. Y así fue como en ese vecindario todos los árboles de navidad comenzaron a ser salvados. Ningún barrio es tan bonito, tan lleno de aire puro y tan verde como ese. Pareciera que un mágico encanto se hubiera volcado en ese lugar, y sin embargo nadie ha hecho más que una simple cosa: dejarlos crecer...

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