1 de enero de 2012

ADONDEQUIERA QUE VAYAS...


Dondequiera que vayas, llevate mis caricias. Las del primer día, cuando te engañé con un sándwich de milanesa, como si fuera carnada, para tirarte adentro del auto y para tratar de ayudarte. Y las de los días difíciles, como cuando te mordió el pastor alemán de la esquina y tu corazón ya estaba bastante viejo para ciertas bromas. Esas que te pedían que te quedes un poco más, que no te fueras todavía, que el cariño de esta familia estaba para vos. Llevate mi modo de decirte te quiero, mi modo de confórtate, mi modo de hacerte saber que sos parte importante de mi vida, todo resumido en una mano que se pasea por tu pelo duro, sucio, o recién lavado que fuera.

Llevate mis lágrimas, las que lloré el primer día, cuando veía en vos un saco de huesos terrorizado del miedo al monstruo más terrible que pueda existir: el ser humano. Llevate esas lágrimas en nombre de esta raza bastarda, que castiga a los más débiles, llévatelas como mi manera de pedirte perdón por lo que no te hice, pero también por todo lo que hubiera querido darte y no te pude dar. Llevate mis lágrimas de adiós, estas que sellan un pacto, el pacto de dos almas que se entienden con una mirada, el pacto de las almas que, encontradas en el largo camino de la vida, se tocan, se marcan, y en algún modo se unen para siempre, como las nuestras.

Llevate los recuerdos, los buenos recuerdos, como cuando te enseñé a subir y bajar las escaleras, y cuando te enseñé que una mano no está hecha sólo para golpear. Los recuerdos de cuando eras el mimado de la familia, el centro de mis días, la compañía infaltable, y también los recuerdos de cuando tuviste que ceder lugar, a las criaturas que te quitaron el trono pero te consideraron siempre un hermano.

Yo por mi parte me llevaré el recuerdo de tu saludo cuando alguien llegaba a casa, la desesperación por la caricia de aprobación, tus paseos por el pueblo cuando eras el Pluto de todos. Me llevaré tu imagen siempre junto a mí cuando estuve mal, tu hocico que me buscaba cuando estaba triste, y tu mirada, que me explicaba siempre todo.
Me quedo con esta, con la mirada dulce, porque así te voy a recordar: simple, incondicional, dulce. Yo creí que cuando te salvé de la ruta, el invierno y el hambre, casi once años atrás, te había cambiado la vida. Ahora me doy cuenta de que vos, te cruzaste en mi camino para cambiar la mía…


A Pluto...

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