29 de agosto de 2010

EL MAGO DE OZ

Esta noche terminamos de leer el último capítulo de este maravilloso libro, (EL MAGO DE OZ) mis hijos y yo. Al principio pensé que dos niños de cuatro y seis años no estarían dispuestos a escuchar palabras ricas de significado pero tal vez un poco complicadas para orejas acostumbradas a una lectura más simple y elemental. Sin embargo, desde que comenzamos a leer un capítulo por noche, y a veces dos a pedido del público, descubrí la maravilla de este libro que nunca antes había leído.

Escrito por Lyman Frank Baum, el libro data nada más y nada menos que del año 1900, increíble!. La historia narra de una simple niña y su perrito, que debido a una fuerte tornado, se encuentra repentinamente lejos de su amado hogar, el Kansas. Y aunque en las conversaciones con los amigos que va encontrando se deduce que aquel no era un lugar maravilloso, sino más bien hostil, el único deseo de Dorotea es volver a casa.

En el trayecto para llegar hasta el Mago de Oz, quien se presupone concedería un deseo a Dorotea y cada uno de sus amigos, se suceden aventuras en fantasiosos lugares, con impensables personajes que despiertan la curiosidad y la imaginación de los niños.

Este libro, con sus maravillosas metáforas, me ha dejado a grandes líneas algunas enseñanzas importantes:

- La primera que a veces deseamos obtener cosas que ya poseemos. Se deduce en los deseos de los amigos de Dorotea. El espantapájaros, con su cabeza de paja, deseaba un cerebro, y sin embargo, se le ocurrían buenas ideas para saltar los obstáculos del camino. El hombre de hojalata, deseaba un corazón, y sin embargo era capaz de conmoverse y amar más que ninguno, y el león deseaba el coraje, porque decía ser cobarde, y sin embargo había demostrado tener las agallas para enfrentar el peligro.

- El espantapájaros lo dice claramente cuando finalmente se convierte en el Rey de la Ciudad de las Esmeraldas: “No se abandonan nunca los amigos en un momento de necesidad”. Hasta su más grande deseo podía esperar, porque no dejaría sola a Dorotea, hasta que no estuviera seguro de que ella retornaría a Kansas. Así es que deja de lado el govierno de aquel pueblo para acompañar a su amiga y asegurarse que también su deseo fuera cumplido.
- Y por último, no podía que tocarme profundamente el deseo de volver a casa de Dorotea, a pesar de que  su hogar no era hermoso, brillante y maravilloso como tantos otros que había conocido en su aventura. La dulce niña que arriesgó todo por estar siempre junto a su perrito Totó, me susurra finalmente al oído “Hogar dulce hogar”.

Creo que basta una entonación acorde a la estrofa que se lee, un poco de interés personal en despertar la curiosidad, y el juego está hecho, los niños no pedirán que otro capítulo, y al final, el dulce sabor de la amistad, los deseos realizados y el calor de la propia casa les darán las buenas noches.

Dulces sueños para todos.

B.A.
 
 
 
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