1 de abril de 2011

EL DESEO

Si realmente los ojos son el reflejo del alma, y las miradas de cada momento reflejan lo que sentimos en ese momento, entonces sí, podría jurar que sé lo que ese chico desea. Y me alegra de que sea así pero no sé si podremos hacer algo con nuestros deseos, porque hace un rato que lo miro, y él me mira. Juraría que queremos lo mismo.

Si la gente me preguntara porqué yo, un joven bien posicionado en la sociedad, con un futuro asegurado en las empresas de su padre, que estudia contabilidad porque algún día será el presidente de la compañía, que anda por la calle cargado de la última tecnología en materia de comunicaciones y autos, que viste solamente de los mejores diseñadores internacionales, que tiene, resumiendo, todo lo que cualquier ser humano común desearía tener para llevar una vida sin problemas, si me preguntaran porqué yo quiero ser él, no tardaría en llegar la respuesta. Quiero ser ese niño que va caminando por el parque con un ramito de rosas para vender a los enamorados porque quisiera tener una cosa que nunca tuve, la infancia. Quiero ser algo que nunca fui, quiero ser niño. De pequeño crecí rodeado de frialdades en un mundo de adultos, nunca tuve hermanitos, y aún teniendo pocos años de vida ya había aprendido a no confiar en los demás. Antes de lo debido sabía leer y escribir, hacer cálculos matemáticos, y con todo ello llamaba la atención de los mayores, pero jamás obtuve amor de ellos. Fui criado entre niñeras y profesores que venían y se iban, y mis padres jamás tuvieron tiempo para leerme un cuento, para cenar conmigo, para jugar. El poco tiempo que nos veíamos servía sólo para que yo tratara inútilmente de ganar el amor de ellos haciendo cosas que otros niños a mi edad ni imaginaban. Aprendí muy temprano la desconfianza, el interés, las cosas hechas solamente a cambio de dinero, la traición. Encerrado en una hermosa prisión llena de lujos aprendí a estar solo, a tener miedo de ser robado o secuestrado, aprendí que mi vida era un número y que valía sólo dinero. Nunca tuve amigos.

Por eso quiero ser él, quisiera tener la inocencia de los primeros tiempos de la vida, quisiera saber qué se siente al correr por el verde pasto dejando que el sol me acaricie el cuerpo sin temor a transpirarme. Quiero saber cómo es estar sucio por haber jugado todo el día a la pelota en un baldío con otros niños, o por haber estado tirado en la tierra jugando a las bolitas, y bañarme cuando se me antoje. Quiero que la tarde se me pase sin saber a cada rato qué hora es. Quiero ser él, estar en un pequeño cuerpo como el suyo para no preocuparme si encajo en el modelo de persona que se espera que yo sea. Quiero que la gente me quiera con inocencia, solamente porque soy un niño, que me den amor a cambio de nada, que no pretendan quererme por lo que tengo, o por mi nombre. Quiero tener la cara sucia, los pantalones rotos, no pensar en números cuando mis amigos me vengan a buscar para jugar a las escondidas. No me importa el resto, no importa lo que venga después, y no me importa si de grande llegaré a ser alguien, porque con tal de volver a ser niño, elegiría morir después de mi infancia, pero la quiero y creo que valdría la pena cambiar toda esta vida de apariencias por un tiempo en el alma de un niño. Seguir viviendo una vida vacía de sentimientos para mí ya no vale la pena, ya es tarde para cambiar mi vida, jamás aprenderé a gozar de las cosas pequeñas de la existencia o a amar sin condiciones, por eso quiero ser él, quiero olvidarme de quién soy y empezar de nuevo.



Me mira fijo a los ojos. Nuestras almas parecen estar haciendo alguna especie de trato. Él también quiere ser yo. Si se tratara de cualquier otro niño no sé si estaríamos de acuerdo, no creo que cualquier otro niño desearía abandonar rápidamente la infancia para convertirse de repente en un adulto. Pero sospecho que él está cansado de mendigar por centavitos. Sospecho que está cansado de vagar por las calles descalzo y sin rumbo cierto. Creo que sueña ser grande y ser un poco como yo. Pero nunca tendrá las oportunidades que yo tuve. Quién le haya contado que las oportunidades se ofrecen en igualdad de posibilidades para todos, y que quien quiere las toma, le mintió. No podrá jamás desde donde está llegar en manera limpia a una posición como la mía. Ese niño no tendrá estudios, no tendrá un lugar, no tendrá ni siquiera algo en el estómago que le de la fuerza para hacerlo. En la vida las únicas oportunidades que tendrá lo conducirán a la miseria, a la delincuencia y al olvido. Adivino que daría lo que fuera por pasar al menos una noche en una habitación como la mía, con una cama llena de frazadas, mullida, que no tenga que compartir con otras nueve o diez personas. Sé que daría cualquier cosa por cenar de noche, por abandonar para siempre el absurdo engaño estomacal del mate cocido. Si tomara mi lugar, tal vez su alma lograrìa conservar algo de lo que es, y podrìa hacer con todo el poder a su disposición cosas más útiles que hacer reproducir el dinero eternamente sin mirar a los costados.

En cuanto a mí, no es que desee ser pobre, lo único que deseo es la oportunidad de tener una infancia, es un tesoro que nunca tuve y que no puedo comprar. Aunque tuviera que morir al día siguiente, quiero saber que la infancia no fue una alucinación que jamás ha existido. Quiero tener la oportunidad de empezarlo todo de cero, de que no me sea todo dado de antemano, de ser yo mismo, y no un títere que se mueve según los propósitos de los demás. Quiero ser amado por lo que soy. Quiero aprender a amar con inocencia y ser amado.

Este es el deseo: el mío volver atrás, el de él, dejar atrás. Este es el deseo y si se cumple, ambos sabemos a qué nos enfrentamos. No sé si podremos hacer algo porque aún no hemos hablado, pero hace un rato que nos miramos, y nuestras almas parecen estar pactando algo. Sé que quiere ser yo porque de repente me parece como si imitara algunos de mis gestos y expresiones. Sabe que quiero ser él porque me he parado del banco de la plaza en que estaba sentado sin dejar de mirarlo, y con un ramito de rosas en la mano me doy cuenta de que moverme como él ya no me cuesta, y que mis pies, descalzos, están sintiendo el polvo de la tierra.


B.A


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